La rebelión de los jóvenes, a 60 años del surgimiento del MIR en el Perú

“La herencia que nos legó Luis de la Puente y su generación se extiende a los proyectos de izquierda de los 70’s y 80’s, incluso a la izquierda de hoy es producto de esos procesos, muy a pesar de quienes se creen “impolutos”, creación nueva y totalmente exentos del pasado y sus gestas. Walter Palacios representa a esa izquierda revolucionaria, se puede pensar que Bertolt Brecht muy bien pudo haberse inspirado en el para escribir su conocido poema sobre los hombres que luchan toda la vida, los imprescindibles.” – Campaña Internacional por la Libertad de Victor Polay

 
 

LA REBELIÓN DE LOS JÓVENES

A 60 AÑOS DEL SURGIMIENTO DEL MIR EN EL PERÚ 1959

En el estrado del amplio auditorio del Partido Aprista, ubicado en la céntrica aqavenida Alfonso Ugarte de Lima, se encontraban los viejos líderes de ese partido encabezados por su Secretario General, Ramiro Prialé, quien presidía el Plenario de la IV Convención Nacional del Apra. De esto hace 60 años. Fue el 12 de octubre de 1959.

Compartían la mesa directiva Luís Alberto Sánchez, Carlos Manuel Cox, Luís Heysen, Andrés Townsend, Armando Villanueva y otros históricos dirigentes quienes, entre sorprendidos y fastidiados trataban apresuradamente de que se apruebe en el plenario, sin debate ni discusión, un drástico acuerdo sancionando con la expulsión o suspensión partidaria a cerca de treinta jóvenes delegados que se habían “atrevido” presentar por escrito una bien fundamentada moción en la que analizaban la situación nacional y criticaban la línea política del partido que apoyaba al gobierno del Presidente Manuel Prado Ugarteche, representante de la rancia oligarquía peruana.

El acuerdo se impuso a mano alzada, a carpetazo limpio, sin respetar los más mínimos principios democráticos. Así fueron expulsados del Apra o suspendidos de todos sus derechos partidarios: Luís de la Puente Uceda, Carlos Malpica Silva Santisteban, Luís Olivera Balmaceda, Luís Iberico Más, Gonzalo Fernández Gasco, Manuel Pita Díaz, Máximo Velezmoro, Enrique Amaya Quintana, Walter Palacios Vinces, Luís Pizá Espinoza, entre otros.

Para justificar tan arbitrario proceder, que derivó en una crisis partidaria interna, la dirección del Apra desplegó una intensa y bien orquestada campaña de desprestigio contra los expulsados a quienes calificaba de divisionistas, traidores, tránsfugas y Castro-comunistas (pocos meses antes había triunfado la Revolución Cubana y el Apra se alineó con la derecha pro-imperialista atacando la gesta heroica de los rebeldes comandados por Fidel Castro).

Para afrontar y contrarrestar la campaña del Apra conviviente y realizar actividades de esclarecimiento con las bases partidarias y la opinión pública, los rebeldes, entre otras acciones, se organizaron políticamente, adoptaron una denominación y editaron un periódico.

El primer número de su periódico, Voz Aprista, fue publicado el 29 de octubre de 1959 (quince días después de las expulsiones). En él se reprodujo íntegra la moción que fue presentada en la IV Convención Nacional del 12 de octubre y que dio motivo a la crisis partidaria.

Reproducimos ahora el texto del Editorial de ese primer número para conocer o recordar los planteamientos políticos que los rebeldes exponían con claridad y vehemencia y su determinación de continuar organizados luchando por la evolución peruana:

 

EDITORIAL

El 12 de Octubre de 1959, pasará a la historia del Aprismo y del Perú como la fecha memorable de la traición más flagrante a la auténtica militancia aprista, al pueblo peruano que esperanzadamente abrazó durante 30 años los ideales del partido, a los miles de mártires que con su sangre o su dolor escribieron los anhelos de redención del pueblo peruano, y a los principios revolucionarios que enarbolara en 1924 Víctor Raúl Haya de la Torre.

Quedará también el recuerdo de quienes tuvieron la honestidad y la entereza de sostener sus puntos de vista discrepantes en una asamblea dirigida engañosamente donde todos los métodos se pusieron en práctica – desde el ofrecimiento de dádivas y prebendas hasta el insulto, la grita y la violencia- con el objeto de hacer retirar una moción de análisis de los problemas nacionales y crítica de la línea partidaria.

Más de 30 dirigentes fueron expulsados y suspendidos por expresar en la IV Convención Nacional Aprista su desacuerdo con una línea política que constituye escarnio e irrisión de una de las más limpias y auténticas trayectorias de sacrificio popular en todo el continente.

La Moción de los compañeros ahora calificados de disidentes, divisionistas y traidores, no es más que expresión de consecuencia ideológica, de lealtad con la mística popular y de honestidad política y revolucionaria.

Los sentimientos más caros de las bases y las esencias mismas de la doctrina del Partido, están contenidas en aquel documento que no se discutió, que fue silenciado, que se condenó por adjetividades. Una vez más se puso de manifiesto el temor de la Dirección no renovada del Partido, a un debate abierto y democrático. Una vez más el grito herido de la juventud y de las bases, como tantas otras veces, pretendió ser silenciado con el amedrentamiento, la infamia y la violencia, para terminar con la sanción disciplinaria fraguada entre Burós y Comités de representación fantasma.

La intención del grupo aprista que fue expulsado y suspendido fue lo de participar en un evento real y auténticamente democrático, discutir una línea equivocada, criticar a una dirección que tergiversaba los acuerdos y traicionaba los ideales para cuya defensa fue llevada a la más alta representación partidaria. Teníamos todo el derecho de hacerlo; luchamos dentro del Partido no sólo en las horas de bonanza y libertad, fuimos soldados en la clandestinidad y en el destierro, en la prisión y en la persecución; las bases apristas habían ungido a muchos de nosotros como portavoces de su pensamiento, de sus aspiraciones y de su disconformidad creciente. Contra esto, se respondió con la expulsión, llevando al público – sin explicación alguna- una medida sórdida que hacía befa de los más elementales principios jurídicos, democráticos, de fraternidad y “convivencia” partidarias.

En esta situación no queda otro camino que el esclarecimiento público de nuestra posición. Recurrir a las bases del partido, por medios perfectamente utilizables en países civilizados y democráticos, para determinar quiénes son los que traicionan al pueblo, quienes son los que dividen al Partido, quiénes por error o conveniencia están sumiéndolo en el desprestigio y la postración, quienes conculcan y trafican con los intereses de las clases explotadas del Perú a través del Partido. El pueblo no ha de equivocarse, las bases apristas menos aún, porque ellas sufren el drama de la miseria, de la frustración y de la vergüenza de hablar a media voz, que la “Convivencia” conlleva. Por ello recurrimos al pueblo aprista, y a él va nuestro llamado, para que integre, apoye y se afirme en su lucha revolucionaria a través de los Comités Apristas de Defensa de los Principios Doctrinarios y de la Democracia Interna.

Retomamos las banderas olvidadas, escarnecidas o conculcadas del Aprismo.Nuestra lucha es contra el imperialismo que explota y subyuga a nuestros pueblos; es contra aquellos que llamándose antiimperialistas se hacen cómplices de la entrega de las riquezas nacionales a los grandes consorcios capitalistas extranjeros, con su silencio a su tímida y formal oposición; contra aquellos que desprestigiando al Partido se ponen al servicio de organizaciones financiadas por el imperialismo con el objeto de corromper la conciencia revolucionaria de nuestras organizaciones sindicales; contra aquellos que adoptando falsas posiciones anticomunistas devienen en defensores de un sistema económico semi-feudal y colonialista,en contradicción con nuestras claras concepciones democráticas.Nuestra lucha es por la transformación de las estructuras feudales que ahogan nuestra economía; es contra aquellos que comprometen el vivo sentimiento anti-feudal del Aprismo y del pueblo peruano, apoyando aun régimen oligárquico que atropella, despoja y masacra a nuestros campesinos.

Nuestra lucha es contra aquellos propiciadores y defensores de una línea política que desprestigia y debilita al Partido, convirtiéndose en cómplices del imperialismo y la oligarquía que tratan de destruir al más grande instrumento de liberación económica de nuestros pueblos, que es la ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA AMERICANA.

Nuestra lucha, por ende, está enraizada en las más puras tradiciones del Aprismo, que tan virilmente encarnan los mártires de Chan-Chan, Huaraz, Manuel Arévalo, Luis Negreiros y tantos otros que ofrendaron su vida por un Perú digno, libre y justo.

Hacemos, pues, un llamado a todos los compañeros del Partido para que luchen codo a codo con nosotros en esta magna tarea de reafirmación y desarrollo de nuestros principios revolucionarios, mediante la rectificación de una línea que perjudica los intereses populares, la democratización de la vida partidaria y la reorganización de los cuadros directivos, a través de un Congreso representativo que exprese el auténtico pensamiento de las bases populares, cuyos intereses y no otros debemos defender como imperativo histórico.

Así se dio inicio al surgimiento de una nueva organización política de izquierda que -dentro de la situación económica y social que se daba en esa época tanto a nivel nacional como internacional- se desarrolló y evolucionó aceleradamente, en los aspectos ideológicos, políticos y orgánicos, hasta tomar la denominación de MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) organización que llegó a participar en 1965 en la lucha armada en el Perú al igual que otros revolucionarios de otras organizaciones guerrilleras.

El propio Luís de la Puente Uceda, Secretario General del MIR, resume este proceso histórico de su organización política en la presentación del libro Guerra a muerte al latifundio en el que Carlos Malpica publica el proyecto de Ley de Reforma Agraria del MIR. De la Puente dice:

El 12 se octubre de 1959 aparece en la vida política nacional un Comité Aprista de Defensa de los Principios Doctrinarios y la Democracia Interna, el mismo que en mayo de 1960 pasó a constituir el Apra Rebelde para tomar el nombre de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en junio de 1962 .

Al cumplirse en la fecha 60 años de ese histórico acontecimiento rendimos sentido homenaje a los compañeros protagonistas de esas luchas que son parte de la historia de nuestro pueblo.

Lima, 12 de octubre de 2019

POR WALTER PALACIOS VINCES